miércoles, 11 de enero de 2012

Una república de santos


La semana pasada aparecía un artículo en EL PAIS de Germán Cano muy sugerente que nos hace pensar en qué tipo de individuo pretende acuñar el nuevo gobierno popular y la oposición socialista. En el artículo Germán Cano habla de los sospechosos paralelismos que usan los políticos -a través de símiles deportivos o metáforas- con las figuras del tenis, del fútbol o el automovilismo, como ejemplos de superación ante las lesiones, duro entrenamiento y capacidad de sufrimiento. Da que pensar el nuevo perfil ético del que  nos alerta el autor pues parece sugerir que el sino de los tiempos venideros vendrá marcado por una nueva apelación a ciertos valores de virtud deportiva como remedio y pomada para combatir la crisis, como si los nuevos gobernantes hubieran encontrado en el fondo de nuestras almas las causas de la degeneración económica. Estos paralelismos no se agotan en el discurso político. Así como no hace mucho, la retórica política acudía al coso taurino o a la mitología de santos para explicarse, hoy el palco del Nou Camp, del Santiago Bernabeu, el Circuito de Valencia o las gradas de la Copa Davis son surtidores retóricos que nos acercan a las cavilaciones morales del político actual. Pero más allá de los símiles deportivos que hablan de la pobreza retórica del discurso político, hay que subrayar el proceso de subjetivización al que estamos asistiendo en los últimos años fruto de la crisis financiera. 
La tesis de este artículo es sencilla y conocida: detrás del regreso a los valores tradicionales basados en la confianza personal, se esconde una incapacidad política para articular ninguna solución estructural a la crisis económica. 

En los últimos meses han aparecido en los cines películas que han tratado de hacernos ver la génesis y la genealogía de la crisis financiera que sacudió Wall Street en 2008, cuya reverberación en España ha sido devastadora. En todas ellas, el protagonista es una especie de hombre nihilista y codicioso, cuyo baremo relacional con las cosas y con las personas es la rentabilidad. Quizá por eso, Bernard Madhoff y los banqueros islandeses han encarnado ese tipo de tiburón que han tenido que rendir cuentas ante el Estado. Este tipo de películas han coincidido en España con una figura apocalíptica: la del constructor y su acólito, el concejal de urbanismo, todos ellos contaminados por la filosofía de la autorrealización -económica- personal por encima del bien común. 
Cualquiera que se haya interesado por la crisis inmediatamente siente una especie de nostalgia por el pasado, como el protagonista de Medianoche en París de Woody Allen, donde este tipo de figuras no solo no eran comunes sino que eran denostadas públicamente por su egoísmo. En cambio, la cultura de la rentabilidad a corto plazo, ha hecho de este tipo de figura una especie de aventureros que se la han jugado al límite de lo posible, pues mientras escalaban hasta la cima de una gran cumbre eran mirados con asombro y envidia, pero cuando se han despeñado, su cuerpo ha sido abandonado y olvidado. Frente a este hombre retratado con frecuencia en las novelas de Houellebeq, se reitera la necesidad de su antítesis. Un hombre que inspire confianza, que conozca lo que es el bien común. Y he aquí que nos topamos con un regreso a los valores morales. Es un regreso reactivo.Tony Judt abunda en esta idea en Algo va Mal: "el estilo materialista y egoísta de la vida contemporánea no es inherente a la condición humana. Gran parte de lo que hoy nos parece natural data de una década de 1980: la obsesión por la creación de riqueza, el culto a la provatización y el sector privado, las crecientes diferencias entre ricos y pobres. Y sobre todo, la retórica que los acompaña: una admiración acrítica por los mercados no regulados, el desprecio por el sector público, la ilusión del crecimiento infinito". Si el neoliberalismo ha fracasado en su desmedida confianza hacia los mercados, ¿qué alternativa económica tiene la derecha? El regreso a los valores morales. 
En una escena de la película La Dama de Hierro, el padre de Margaret Thatcher, reivindica el papel del tendero como el hombre que conoce bien el producto, que abre puntual, que cuida bien a sus clientes, cuya venta está respaldad por su honorabilidad personal, pues hacerlo mal supone un descredito no tanto hacia su negocio como hacia su propia persona. Esta idea luterana "haz tu trabajo de tal manera que te defina a ti mismo" quizá sea valiosa en mercados locales o en empresas donde conoces a su propietario, pero no resulta válida en mercados internacionalizados. La idea de la derecha es tomar como ejemplo los mercados locales para transponer su moral a los mercados nacionales y transnacionales, lo cual es dar un salto demasiado grande. Y ello basado en la creación de un perfil y una narración. Este perfil es el del hombre íntegro y la narración es la de la superación vital. El problema para la derecha es que este hombre virtuoso es un apriorismo y, como tal la historia y la misma realidad nos ha demostrado que existe en pequeñas cantidades, por lo que es preciso un estado fuerte y solvente, un estado no tanto que ejemplique sino que corrija con el peso de la ley sus desmanes: ya que el estado ya no puede hacer nobles, que  haga caballeros.
Inocencio X, de Velázquez
En cambio, el pensamiento por el estado es inexistente -en apariencia- en el gabinete de Rajoy. Por el contrario, tanto el presidente del gobierno como los ministros y subalternos correspondientes, apelan a una cierta épica personal de superación y sacrificio vital, abanderando sus ejemplares vidas en las carreras que les ha tocado desempeñar las cuales han acabado siendo coronadas con el ejercicio de un ministerio. Se trata de la narración del tecnócrata como nuevo mito moral del siglo XXI, es decir, la persona que conforme al esfuerzo personal en alcanzar un objetivo, la tenacidad en conseguirlo, el sacrificio de sus mejores años en el estudio y, por consiguiente, su honorabilidad, nos permite confiar en él como alguien que sabe hacer bien las cosas. Este tecnócrata es ciertamente producto de un hacerse a sí mismo conforme a la contemplación de valores de rectitud y sacrificio, pero a la vez es amplificado por contraste con el perfil egoísta e individualista que, espoleado por la codicia y la vanalidad individualista, nos ha hecho caer en la crisis. Se trata por tanto de una crisis como una caída originaria, como una recaída en las inclinaciones del más puro egoísmo, que ha de ser desmaculada con la moral. En contraste con los tiempos anteriores aparece el político virtuoso: el prestigio de Pérez Rubalcaba como un hombre que, a sabiendas de que va a perder las elecciones, decide presentarse con la única arma electoral de explicaciones razonables; o de Mariano Rajoy, dispuesto a hacer todos los sacrificios que haga falta con tal de salvar al país. En ambos casos nos encontramos ante el triunfo del personalismo pero ante una fatal inconcreción sistemática, sobre cómo se arregla todo esto, sobre qué tipo de Estado queremos.
No obstante, el problema mayor está en el futuro. 
La confianza en el modelo de pyme es deudora del "padre tendero" de Thascher. Tanto Mariano Rajoy como Pérez Rubalcaba apostaron fuertemente por estas empresas pues  proponen, de nuevo por contraste frente al individualismo codicioso, un nuevo tipo de hombre: el emprendedor, como una especie de luchador aqueo. Aquel que se propone un objetivo y con el esfuerzo, la dedicación, la constancia y el talento lo alcanza. Esta apuesta se fundamenta claramente en dos coyunturas, la de la gran masa de personas desempleadas y la de una juventud excelentemente formada que está a su vez en paro. El lema es sencillo: "tú puedes hacerlo", a condición de que seas un verdadero competidor de fondo, alguien admirable, un empresario (recordemos que los empresarios en España son las personas más valoradas de la sociedad). Si no es así, solo un golpe de suerte te va a salvar del desempleo. De esta forma, la transformación del desempleo en autoempleo cumple la doble función conservadora: por un lado responsabilizar al individuo de su destino mediante una exigencia en valores tradicionales (lucha por lo que quieres y haz que confíen en ti, y todo irá bien) y por otro olvidar el debate acerca del papel del estado en el sistema económico que nos ha llevado a la crisis. Con ello, ya no es la perversión de los mercados y su determinante influencia en la política lo que está en juego, sino valores personales como la vagancia, la molicie, la codicia, la falta de respeto a las leyes, la escasa perseverancia, etc. El viejo mantra de que España es un país con desapego al trabajo se transforma en una culpa infinita, mientras que aquello que constituye el verdadero problema, a saber, si estamos dispuestos a entregar el estado a las apetencias de los mercados, es encubierto por una especie de políticos sacerdotales.
En conclusión, con esta tendencia en la apelación al individuo como corresponsable de la crisis, se tiende hacia la psicologización de la política. Los problemas que durante el último siglo han correspondido al debate político se traspasan ahora a incapacidades personales, a frustraciones en la educación familiar o a incompetencias en las relaciones personales. Ahora la política abandona al individuo a su suerte, ya no se responsabiliza de él y él es incapaz de responsabilizarse de sí mismo, pues sus problemas son ontológicamente políticos pero se manifiestan psicológicamente. Es lo que Lipovetski diagnostica como la Sociedad de la Decepción, pues los vínculos que antes dotaban de contenido la vida en comunidad ahora se han desgajado y el individuo se muestra errante e incompleto en una búsqueda psicológica de sí mismo.




7 comentarios:

  1. Bienvenido al mundo virtual...
    Muchos son los llamados, pero pocos los que perseveran, así que mucho ánimo!

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  2. Santo Republicano! Me alegro siempre de que compartas tus pensamientos, no estás sólo o al menos eso es lo que nos hace sentirnos un poco más vinculados a la comunidad, aunque ésta sea errante...
    Y por añadir algo, si hay algo que añadir, no olvides que han puesto un ministro de medio ambiente, el Cañete, que tiene 7 vehículos de lujo y tiene acciones de las principales empresas petrolíferas de este país... El de Interior, empresario de armas devastadoras e ilegales, como las bombas de racimo, etc, etc, etc... No es que el individuo se muestre errante e incompleto y la vida en comunidad sea un páramo, es que a la vista de todos estamos siendo manipulados y vilipendiados por una serie de especialistas de la destrucción y eso hay que ponerlo en común, para que no se nos olvide... Gracias por tu elogio a la santidad republicana!!!

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  3. Totalmente de acuerdo, esto de echar la culpa a la víctima es pura nueva derecha que combina neoliberalismo en lo económico y autoritarismo o incluso "fascismo de rostro humano" en lo social. Hacer creer a la gente que los problemas son de escala individual y local cuando la libre movilidad del capital produce deudas crecientes es bastante descerebrado.
    A la Thatcher creo que le ajustan mejor las cuentas en un libro que acabo de descubrir de Francis Beckett y de David Hencke que se titula
    "Marching to the Fault Line" y que relata la huega de los mineros de 1984 y todo lo que murió en Inglaterra con su derrota a manos de la hija de un tendero. Tal vez los ingleses son especialistas en mini guerras civiles que gana la derecha y aquí en guerras civiles a lo grande que ganan de forma duradera los amigos de Alemania... al menos hasta la fecha. Tal vez se pueda llegar a ser patriota de nuevo sin ser ultranacionalista y robar a los ultranacionalistas algunas banderas... defender la soberanía económica y poner aranceles a la importación de las marcas alemanas de coches, recuperar la función social de las cajas de ahorros... pero hacer un programa es difícil porque la espiral del silencio que conceptualizó Elizabeth Noelle nos hace creer que la nueva derecha tiene la mayoría... o eso nos contaron.

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  4. por cierto, capitán sardina es Enrique, pues no tenía otro gegemail que el de mi cholita, lo digo para los amigos...

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  5. Hola, comparto un enlace referente a las asambleas populares de la sierra y en particular de Manzanares el Real donde se están grabando todos los plenos. La situación política actual en el pueblo es insostenible, todavía hay gente en determinados partidos con escopeta en mano. Esperemos que con la presión que se esta ejerciendo salga a la luz y la ceguera pueda ser menor.
    Gracias por el blog.
    Besos
    http://lasierratv.wordpress.com/

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